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El one-shot de Death Note: mi reino por una manzana





Este artículo contiene spoilers. Si aún no leíste la obra, te adjunto el link para ahorrarte problemas: https://mangaplus.shueisha.co.jp/viewer/2002716/

            Frente a un grupo de espectadores dentro de la Casa Blanca, el presidente estadounidense levanta eufórico un ejemplar del periódico The Washington Post que titula: “Trump absuelto. Tras vivir horas de tensión, el mandatario superó el juicio político encabezado por el bloque demócrata. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, el representante del bloque republicano tiene gran apoyo de sus partidarios y no descarta postularse para ser reelecto en su cargo. Jactándose del poder y el respaldo con que cuenta, ¿qué ocurriría si Donald Trump además obtuviese la Death Note?

            El guionista Tsugumi Ohba y el mangaka Takeshi Obata presentan este y otros interrogantes. El lanzamiento del one-shot (capítulo especial autoconclusivo) de Death Note no es casual e invita a reflexionar sobre qué paso en el mundo desde que Light fue derrotado por Near (actualmente ocupando el rol de L). Bajo la piel de nuestro querido shinigami (dios de la muerte) Ryuk, los autores encuentran un nuevo chivo expiatorio, un joven con las virtudes del capitalismo: inteligente, lúcido, eficiente, ambicioso. Así conocemos a Minoru Tanaka, el heredero del poder más temido en el universo de la saga. La idea de un nuevo Kira genera expectativa, sin embargo, ¿es factible que en este presente la historia se repita?

Para responder a esta pregunta es necesario tener en cuenta ciertos elementos. En primer lugar, la realidad que comparten humanos y shinigamis en esta nueva edición ya no es la misma: la tecnología avanza a pasos enormes, el control de la población es fundamental para la seguridad pública y la disputa Estados Unidos – China marca el rumbo económico del planeta. Los días signados por la competencia entre Kira y L quedaron atrás, pero dejaron su huella; ya no hay lugar para el terrorismo o para la ausencia de ética. Los valores son esenciales para demostrar honradez y esto es algo que marca la relación entre Ryuk y aKira (denominación que le da L al que este considera su oponente).

En segundo lugar, los contextos cambiaron y, en consecuencia, el protagonista también: Minoru Tanaka representa a una nueva generación de jóvenes japoneses. A contramano de la dirección en que va el mundo, el protagonista quiere un presente diferente, por lo que decide utilizar la libreta con fines económicos. Los problemas se reducen a lo cotidiano: hay cuentas que pagar para vivir. Japón, aun tratándose de la tercera economía mundial, es uno de los países con más deuda pública del planeta (223% de su PBI en 2019) y se encuentra estancado en términos de crecimiento desde hace ya varios años. Frente al vertiginoso ascenso de China, las relaciones con el gigante rojo no son un asunto tan sencillo de comprender. Las conflictos y atrocidades del pasado marcaron un antes y después en la memoria de ambas sociedades (la controversia con el autor de Boku no Hero es un buen ejemplo de ello). A esto debemos sumarle la dependencia económica que mantienen las empresas japonesas con Estados Unidos y China. No es casualidad que los autores recurran a las figuras de Donald Trump y Xi Jinping; no se trata de una estrategia publicitaria, sino que para contextualizar es necesario hablar de estos líderes que son la representación del verdadero poder.

Si en la historia original la coyuntura era flexible a las necesidades de la historia, aquí el contexto gana protagonismo por sobre la narrativa de policial que caracterizó a la serie. La única continuidad que podemos reconocer es la ausencia de esperanza en la sociedad japonesa. La necesidad de un dios (bueno o malo, dependiendo de donde veamos el valor de las acciones de Kira/aKira) implica que la sociedad no ha progresado del todo, sino que sigue existiendo un sentimiento de desidia frente al rumbo que mantiene el mundo. Por eso destaca Tanaka, por su tranquilidad y cautela con respecto a la paranoia frenética de apuestas que se disputan la célebre libreta.

Dentro de esta carrera por el control de la Death Note, quien finalmente triunfa es Estados Unidos tras ofertar una cifra irreal para el común de las personas. Me animo a decir que quien “utiliza” con criterio las reglas de la libreta es el mismo Trump, que decide privilegiar su vida, por más que eso implique no utilizarla. El mandatario estadounidense no necesita de una libreta para tener poder, ya que es él quien dirige el destino de la mayor potencia del planeta, y vemos en la reacción pasiva de los ciudadanos japoneses como ese poder es real. Si Japón, siendo la tercera economía global, está condicionada por China y Estados Unidos, ¿qué resta para Argentina teniendo en cuenta este contexto? El gobierno de Alberto Fernández heredó una deuda de US$ 44 000 millones de dólares de la anterior gestión, y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional implicarían menos dinero en áreas que mejorarían notoriamente en las condiciones de vida de los ciudadanos argentinos. Death Note remite a una problemática común para todos los países: la ausencia de autonomía y la dependencia.

No importa que Near pierda, no importa que Tanaka no sepa inglés, no importa que se invente una nueva regla para restringir el uso de la libreta. El foco está si o si en el contexto y en la nueva perspectiva de los autores que buscan dar su punto de vista sobre los desafíos de su nación en el concierto mundial. En cierto punto, la intencionalidad rememora a la de Héctor Germán Oesterheld en la segunda parte del Eternauta, en donde intentaba poner lo fantástico de su obra en segundo plano, para poder hablar de problemas reales y concretos. Los “Ellos” (principales antagonistas del Eternauta) del one-shot, a diferencia de la historieta de Oesterheld, tienen nombre: Estados Unidos y China. Pese a que se escribieron en tiempos diferentes, ambos tebeos coinciden en que vivir en un mundo donde los opresores imponen las reglas del juego, conlleva a que las personas deban readaptarse frente a las dificultades que se presentan el día a día.

Quienes buscaron una nueva batalla intelectual entre dos jóvenes brillantes seguramente se llevaron alguna que otra decepción. La obra de Ohba y Obata en 80 páginas nos invita a reflexionar sobre el presente y el valor de la vida. Ryuk concluye que no importa el uso que se le dé a la libreta, ya que todos los individuos, pese a su brillantez, acaban pereciendo. El recurso más importante con que cuenta una persona es su vida, y depende de él sacarle el máximo provecho durante su breve (como en el caso de ambos Kiras) o extensa (como se ejemplifica con Trump) estancia en este mundo. Frente a los problemas del presente no existen soluciones sobrenaturales como en el universo de Death Note. Pero si existen jóvenes como Tanaka que buscan generar un cambio positivo para el mundo que les rodea.

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